| Inmaculada Nieto: “Este es el trato que reciben los nombres ilustres que ha dado nuestro pueblo”.
La candidata de Izquierda Unida a la Alcaldía de Algeciras, Inmaculada Nieto, ha lamentado que el Ayuntamiento de Algeciras no haya programado ningún acto conmemorativo al cumplirse hoy cien años del nacimiento de Ramón Puyol en la ciudad. Nieto ha mantenido esta mañana un contacto telefónico con la hija del artista, María de los Ángeles Puyol, quien le ha trasladado su pesar por el silencio del gobierno local ante este evento. La candidata se ha puesto a su disposición para tratar que la Institución municipal rectifique este lamentable e incomprensible olvido”. Puyol fue un brillante pintor, escenógrafo y cartelista. “Estamos ante un algecireño ilustre, y parece mentira que su centenario pueda pasar desapercibido, incluso cuando su propia familia ha intentado de manera infructuosa que el Ayuntamiento organizara algunos actos conmemorativos”. Nieto ha expresado que esto debe corregirse: “Estamos a tiempo de reparar este olvido con una programación para los próximos meses, y no estaría de más que algún responsable del equipo de gobierno se disculpara con su familia, a la que por lo menos se debía haber contestado a sus misivas. Especialmente nuestro Delegado de Cultura, que bien podría hacer un hueco en su apretada agenda marroquí para atender asuntos locales de esta trascendencia”. La coordinadora local de IU ha anunciado que de no producirse ningún anuncio por parte del gobierno municipal al respecto de este asunto, su formación registrará una Moción para su debate en Pleno para solicitar la incorporación de varios actos conmemorativos sobre Puyol, que recojan un recorrido por la figura y obra de este artista algecireño, y su aportación inequívoca al arte contemporáneo español. CONSEJO LOCAL DE IULV-CA
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'Descanso en el frente', un ejemplo de la etapa más comprometida de Puyol.
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Puyol fue mucho Puyol y necesitaría algún gesto oficial que contribuyera a mantener su memoria. En 1923, cuando contaba 16 años de edad, se estableció en Madrid, donde frecuentó luego a artistas y escritores de la talla de Luis Buñuel, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez o Federico García Lorca. Becado en Roma, en 1926, conocerá luego París y Londres. A los pocos días de proclamarse la Segunda República, Puyol se suma al manifiesto dirigido a la opinión pública y a los poderes oficiales, que en el periódico La Tierra reclama, con Josep Renau y muchos otros «un sentido amplio y renovador a la vida artística nacional, recabando los derechos que como clase nos corresponde, para garantizar el libre ejercicio de nuestra actividad».
Escenógrafo de Rafael Alberti, Ramón Puyol prepara la escenografía de La chinche, de Vladimir Maiakovski, para su estreno en Moscú y en Madrid. También ilustró portadas o libros de John Dos Passos o de Ramón Franco, Ramón Gómez de la Serna (Efigies, 1929), Victor Serge (Los hombres en la cárcel, 1930), Benjamín Jarnés (Locura y muerte de nadie, 1929) o José Díaz Fernández (La venus mecánica, 1929). En prensa, publicará en periódicos como Nuestra palabra, La gaceta literaria, Nueva España, Mundo obrero, El mono azul o, ya en plena guerra civil, en Altavoz del frente, donde asumió la responsabilidad de la sección de Artes Plásticas: «Lo más expresivo que se está haciendo sobre la gloriosa muerte y recuperación de España», le saludó Victorio Macho en 1937. Ese mismo año, según reseña José Riquelme, llevará al Pabellón Español de la Exposición Internacional de París, sus litografías «plenas de imaginación y creatividad, con una clara intención satírica y burlona».
Era una serie de propaganda republicana que reunió los títulos de El pesimista, El optimista, El derrotista, El acaparador, El izquierdista, El estratega, El turista, El bulista, El espía y El rumor. Al tiempo, añade los cuadros Descanso en el frente y En el frente, sobre el tema de la Guerra Civil: «El arte por el arte ya no tiene razón de existir, ni ha existido nunca. Para que el arte tenga razón de ser, tiene que estar al servicio de una causa», me diría años después.
«Fue, en suma, uno de aquellos intelectuales que metidos hasta el cuello en la tormenta española, no vacilaron en tomarse al duro pie de la letra aquello que exigía Lenin de el artista debe ser una pequeña tuerca», analizó Juan Manuel Bonet. Siete años de cárcel, condenado a muerte en dos ocasiones, con dos simulacros respectivos de fusilamiento, alivió su cadena perpetua a cambio de restaurar los frescos de Maella y de Tiepolo de San Lorenzo de El Escorial y El Palacio de Oriente.
De esa etapa, destacan una serie de acuarelas sobre el mundo carcelario que le tocaba vivir.
Tras la contienda, ya no más caricaturas hiperbólicas, con el lema del «No pasarán». Tendría que volver a un realismo alimenticio que se iría centrando en el retrato y en el paisaje como pretextos habituales, con la acuarela y el óleo como principales soportes.
Es -dirá Bonet¯obra de derrotado: «Censura y autocensura, forzosa renuncia al proyecto político-cultural vivido hasta 1939. Obra que se asienta, obviamente, sobre presupuestos estéticos tradicionales». En 1968, volvió a Algeciras. Allí le aguardaba la muerte. Ahora, el olvido le acecha en cualquier parte.
Ángela Gómez, visiblemente emocionada, recibió una placa en recuerdo a su marido, que escenifica el agradecimiento de Algeciras a este personaje histórico.
«Sólo puedo dar las gracias por este homenaje y recuerdo», apuntó. También su hija -ambas recibieron un ramo de flores- quiso mostrar su gratitud a todos los algecireños por dedicar la feria a la figura de su padre.

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